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La quema del horno de Tefía permitirá distribuir cal artesanal a los ganaderos de la Isla
La producción de cal en Fuerteventura fue una de las industrias principales de la Isla especialmente desde el siglo XIX hasta mediados del XX El antiguo horno de cal de Tefía se ha vuelto a poner en funcionamiento durante estos días, dentro de una iniciativa organizada por el Cabildo de Fuerteventura con el objetivo de ofrecer este producto, obtenido siguiendo el método tradicional, a los ganaderos de la Isla para que puedan desinfectar sus explotaciones. El proceso de quema de este horno ha necesitado de un trabajo previo de acopio de cinco camines cargados de aulagas secas que servirán como combustible para 'caldear' el horno, y de entre 2.000 y 3.000 kilos de piedra caliza, material que una vez quemado permitirá obtener el preciado producto mediante un proceso químico natural. La reproducción del proceso de obtención de la cal según el método tradicional es una actividad que realiza periódicamente el Cabildo por diferentes motivos. "En ocasiones se hace como demostración de costumbres etnográficas para documentales y otros trabajos de investigación, o como el caso que nos ocupa, para surtir a los ganaderos majoreros de cal viva que puedan utilizar para desinfectar sus granjas", explicó la consejera de Medio Ambiente, Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo, Natalia Évora, que coordina al Departamento de Obras y Maquinaria que se ha ocupado de realizar esta tarea. Évora estuvo esta mañana siguiendo el proceso de quema en el horno de Tefía, que se encuentra integrado dentro del Ecomuseo de La Alcogida, complejo que junto al resto de centros de la Red Insular de Museos celebraba hoy la Jornada de Puertas Abiertas con motivo del Día Mundial del Museo. Los ganaderos interesados en recibir cal podrán ponerse en contacto con la Consejería de Agricultura del Cabildo a partir de la próxima semana.
La cronología para la puesta en funcionamiento de un horno de cal comienza una semana antes de la quema, en la que se hace acopio del material necesario para el proceso, que básicamente se trata de combustible, piedra caliza y barro para el montaje de la estructura. Una vez realizados los arreglos, si fueran necesarios en la estructura del horno, se coloca la piedra en su interior. Esta parte del proceso requiere una gran habilidad, pues toda la caliza se coloca por encima de una bóveda montada con esa misma piedra, dejando un hueco en el fondo del horno en el que se irá introduciendo el combustible. Una vez colocada la piedra, se cubre la puerta del horno con una mezcla de tierra y agua para impedir que el calor escape. Toda esta segunda fase previa a la quema se puede realizar en una sola jornada.
El proceso de la quema se extiende durante aproximadamente 48 horas. En ese tiempo deber diferentes personas que trabajen por turnos para que la alimentación del horno sea uniforme e interrumpida, de manera que la temperatura en su interior se mantenga constante durante el proceso. Una vez finalizada la quema de la aulaga, se deja enfriar el horno entre 3 y 5 días, para posteriormente retirar la mezcla de torta de la puerta del horno y comenzar a sacar la piedra ya quemada. En ese momento la piedra quemada ha cambiado de tal manera que, mezclándola con agua, se produce una reacción química –corrosiva y peligrosa conocida como cal viva-, que es la que finalmente permite la obtención de la cal. Referencia Histórica La abundancia de carbonato cálcico en la constitución de los suelos de Fuerteventura determinó que históricamente floreciera la industria de extracción y transformación de esta piedra (llamada caliche). Hay referencias históricas de hornos de cal en funcionamiento desde el siglo XVII, que se mantuvieron en uso cotidiano hasta mediados del siglo XX. En ese momento, la aparición de de otros materiales a base de cementos dejó la cal prácticamente sin salida en la construcción, quedando limitada su aplicación en la actualidad a desinfectante en granjas ganaderas. La piedra de cal era exportada inicialmente desde Fuerteventura hasta las islas occidentales, donde se quemaba en grandes hornos situados a pie de muelle para su empleo en la construcción. En los siglos XIX y XX la industria de la quema de piedra de cal se trasladó en también en la isla majorera, ya que su transporte ya elaborada era más cómodo y menos peligroso. Desde entonces y hasta en la actualidad todavía perviven cientos de hornos de cal distribuidos por toda la geografía insular. Los hay de uso local, construidos para pequeñas obras de viviendas familiares, o también de tipo industrial, levantados para la exportación de la cal. El proceso de elaboración d la cal comienza con la carga de los hornos, para lo que era necesario hacer acopio previamente de material de combustible, que debido a las características áridas de la isla solía ser en la mayoría de los casos aulagas. Una vez cargado el horno de aulagas y de piedras de cal, se procede a su sellado, de forma que la combustión pueda realizarse lentamente y con la temperatura media adecuada, que asegure una buena quema del horno. Ésta suele prolongarse durante varios días, lo que requiere de la atención permanente por parte de los caleros, ya que hay que asegurar que la quema se realice permanentemente a la temperatura adecuada y con el necesario aporte de aulagas. Una vez completada la quema se procede a la apertura del honro y extraer la cal, que ahora se distribuirá entre los ganaderos, quienes a su vez la rociarán en sus granjas a modo de desinfectante. Su empleo para enjalbegar paredes o como aglutinante en las paredes o pisos de las obras ya se circunscribe casi exclusivamente a las construcciones integrantes del patrimonio histórico o a restauraciones. |
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