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PƩrdida
Busqué sin éxito su esquela en los periódicos de la semana pasada; mientras titulares de calibre y calado trataban de reclamar mi atención sin lograrlo. En ocasiones una pérdida puede ser esa noticia cercana que conmueve hasta eclipsar al resto de la actualidad; aunque se haya decidido la Liga o los mercados sigan revueltos mientras cae el también premiado juez Garzón. En la calle Amanay de Toto pregunto a quien todo el mundo conoce por Manuel, pese a que realmente le pusieron Ginés por nombre. Paco Díaz, Francisco Díaz Méndez, hubiera cumplido 78 años en noviembre y era uno de los nueve hijos que tuvieron Josefa Méndez Armas y Julián Díaz. Casado con María Armas Díaz, tuvo cinco hijos: Francisco, Juan, María Eva, Amelia y Carmela. Agricultor primero, pastor después y camionero luego, nunca se le conoció un pleito. El jueves desde temprano pelaba ovejas con Aníbal en Mézquez y se sintió mal, condujo su vehículo a casa, a donde llegó cansado. En Pájara casco no había médico ese día, y lo llevaron de urgencia a Tuineje, donde murió de un infarto. Sólo trabé conversación con él alguna vez, pero guardo grato recuerdo del saludo amable que a todos brindaba, lleno de la complicidad de quien se sabe afortunado por concurrir en la existencia. Su fallecimiento nos ha recordado en el pueblo la fragilidad del ser, que sabe que su camino no es otro que andar hacia la segura muerte. En esa tesitura está Luz Casal, a quien le vuelven a diagnosticar otro cáncer de mama, del que todos esperamos salga victoriosa, que a lo mejor lo han cogido a tiempo. A quien no le dieron margen de tiempo fue a la pobre sevillana a quien su ex, un peluquero de su propio barrio, de 54 años de edad, la degolló en plena calle. Patético como el derrumbe de dos edificios en Mataró o la muerte de una criatura por el ataque de un perro peligroso propiedad de su propia familia. Uno piensa entonces en Paco Díaz, que se fue como los 43 pasajeros del avión desaparecido en Afganistán, y reclama más cordura, hermandad y solidaridad, que pese a que ha llegado el momento de las generalizadas bajadas de los sueldos, siempre debe haber dinero para salvar al mundo; pese a que ello pase por reflotar primero al euro y por redistribuir la renta. Por desgracia, sólo a unos poco importa eso, otros están con Morinho, el Mundial, los coches y las motos; o con las multas, como Rubalcaba, que nos recomienda el pronto pago. La vida sigue, interceptan a un camello en el Aeropuerto de Fuerteventura con 615 gramos de heroína en su cuerpo, Cardón prepara sus Fiestas en Honor a Nuestra Señora del Tanquito y ya son 300 las mesas reservadas para el Baile de Taifas que acoge Puerto del Rosario para celebrar el Día de Canarias. Me dicen que todavía vive un hermano gemelo de Paco Díaz, Juan, y que se le parece mucho: no sé cómo reaccionaré cuando lo vea. Martes 18 de mayo de 2010 Por Andrés Gutiérrez Duncanson |
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