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¿Quién dijo artrosis?

Con los primeros rayos de sol y provistos de bañador, un grupo de 20 personas mayores, pero que insisten en sentirse jóvenes, se apoderan de Los Pozos. Es hora de la gimnasia

Con las obras del futuro palacio de Congresos de fondo, cercano a los antiguos hornos de cal y coincidiendo con los primeros rayos de sol, un grupo de 20 personas mayores, que aseguran sentirse jóvenes, se acercan hasta la playa de Los Pozos, en pleno centro de la capital, para ponerse en forma, pero sobre todo para estar entretenidos y acompañados las primeras horas del día.
Desde hace 10 años, se lleva a cabo durante los meses de verano un curso de gimnasia para personas de la tercera edad. Una actividad que, en los últimos años no ha dejado de ganar adeptos, y que empieza a ser cada vez más solicitada por las personas mayores residentes en el municipio.
Al frente de este grupo con edades comprendidas entre los 65 y 85 años, que no deja de repetir que se sienten jóvenes, se encuentra Natalia Katssalukha. Esta mujer de origen ruso lleva once años en la Isla.
Natalia explica que sus clases las divide en ejercicios con los que trabaja todas las partes del cuerpo. "Empezamos con ejercicios de rotación de cabeza, y terminamos con los pies".
Llega la hora de caminar. Intentan ir rápido y rebosan juventud. Este es el caso de Carmencita que sintiéndose "una veterana" en esto de la gimnasia, asegura sentirse muy bien. Otra de las que según su profesora no se pierde ni un solo día es Matilde. Acude con ilusión y por los ejercicios que realiza y con la vitalidad que los hace parece tener ocho años. El día empieza a calentar, los rayos de sol se apoderan de la playa y es el turno del baño. Al principio, encuentran el agua fría, pero una vez dentro no quieren salir. Este grupo, la mayoría formado por mujeres, se anima a retar a los hombres para que en futuras ediciones se pongan el bañador y acudan a "mover las articulaciones".

ELOY VERA

Publicado en La Provincia/Diario de Las Palmas, Viernes día 14-08-09

amgm el 14/08/09 a las 09:31, 5 comentarios | vista 59 veces | 2 votos | valor 2


Comentarios
por anónimo el 14/08/2009 a las 15:28  
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#1

En asuntos positivas  como el   que se trata en este artículo,  los varones damos el cante negativo frente a ellas,  las mujeres.  No sólo en este  grupo de Los Pozos,  sino  en otros y en otros lugares,  con los mismos objetivos y también de gente de edad,  se repite  el dato de que las  señoras  siempre son  las más participativas.

Y no sólo en aspectos de salud y ocio,  como este que preside Natalia Katssalukha,  sino también en los que tienen  finalidad cultural,  como  los bailes folklóricos,   donde, para formar un grupo,  casi que se tiene que "cazar"  a  lazo a los  machos;   o, incluso,  trasvestirse alguna mujer  en "señor", para que otras tengan pareja "masculina"...

¡ Qué negaos  y  aburríos somos!  Lo nuestro es criar y criar barrigassssss...

por anónimo el 14/08/2009 a las 18:03  
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#2

"...  pero que insisten en sentirse jóvenes", "que  no dejan de repetir que se  sienten jóvenes", "intentan ir rápido y rebosan juventud"...   son frases  del artículo.   ¡Qué patético cuando, hablando de la vejez,    se alaba tanto  a   la juventud!   Como en las noches de invierno  se  habla y se las compara con  los mediodías de agosto...

Algunas  frases escritas por  ahí  sobre estas cosas:

---"Cuando  una persona se empieza  a poner vieja es cuando empieza  a  decir:  "¡ Ay,  me siento tan joven"!.

Y  todos  conocemos  de los  mayores  que presumen  de su capacidad de caminar, correr, hacer contorsiones,  pese  a  sus -nuestros-  años.  Como queriendo demostrar que pueden -podemos-  ir contra le tiempo. 

Al final,  terminamos  presumiendo hasta de poder ponernos casi rectos,  y de dar dos pasos,  aunque sea sólo  por  un instante,  con mucho esfuerzo y apoyándonos en un bastón;   u  orgullosos de los  únicos dos diente que todavía  nos queda,  como  si fuera la dentadura entera;  o de que aún oímos  aunque no entandamos el qué...

---"Decirle  a alguien !qué joven estas",  es también una manera de decirle:  ¡ !qué viejo eres!".

¡Cuántos  "piropos"  de éstos  nos  dicen a   los que  ya no somos jóvenes,   gentes que  nos aprecian bien ! (O eso intentan hacernos creer). 

Da mucha rabia,  ¿pero qué responderles,  si encima esperan que les demos las gracias y que les correspondamos con el mismo cumplido?  Y  los hacemos,  pagando con una mentira  otra que, además, es tonta, tonta.

--- "Se tiene la edad  que se quiere  tener,  y  también la edad del dinero que se tiene".

Dice ese  refrán. A la edad no se la engaña ni con dinero, pienso,    pero sí  estoy seguro  que cualquiera, por muy viejo que sea,  si  tiene mucho dinero, a veces, puede conseguir muchas más cosas  que muchos  jóvenes.  Y llegar  más lejos,  y subir más alto.

Recuerden,  si  no,  a  Gala, la musa y compañera de Dalí,  que  aún en sus últimos años y pese a ser sólo piel arrugada y  ruina física de las ruinas físicas,   conseguía llevarse a su lecho de  las  últimas   noches de su invierno vital,  a  apolos de primaveral belleza;  querubines   que para sí los hubieran querido muchas veinteañeras, aunque fuera para tomarse una copa con ellos, y en una barra de un bar cualquiera.  Y ella, como la Saritísma,  como la Marujita,  como...  no sólo tuvieron-o tienen- y gozan  esas "exquisitecen", sino  que  han llegado y paseado hasta Cuba,  Miami, París,  Londres,  Nueva York, Roma...   subido  a las torres del Piza,   Big Beng, Eiffel,  la Torre de Londres, las Torres Gemelas...  pese a  sus años,  y gracias a sus millones, mientras que muchas lozanas ni se han podido  acercar siquiera a esos lugares ni han subido un solo peldaño de ninguna de esas alturas.  

Bien dice el refrán que un asno  cargado de oro,   no encuentra cuesta que no pueda subir,  si se lo propone.

por anónimo el 14/08/2009 a las 18:30  
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#3

UNAMUNO:   "Se  me ha muerto el que fui;  no, no he vivido.  Allá entre nieblas,  del lejano pasado entre tinieblas,  miro como se mira a los extraños,  al  que fui yo  a los  veinticinco años".

¡Qué verdad tan triste:   recordarnos a  nosotros mismos como extraños!  Llegar a un tiempo y cumplir unas edades   en que nos digamos:  "   yo tuve también quince, veinte, veinticinco años...  " , y parecernos mentira a nosotros mismos  que fue así, que  fuimos jóvenes, bellos,  alegres, encantadores. ¡ Y que tuvimos tantas esperanzas, vitalidad  e ilusiones!

Pensar  que   nuestros cuerpos decrépitos de ahora, en  tiempos ya muy lejanos, para otras personas bellas de entonces,     fueron   atractivos, deseables, admirables. Y que, quizá,  ellas-ellos  ansiaron abrazarnoslos,  besarnos nuestros labios, comernos nuestras bocas...  Y ahora y hoy, viendonoslos nosotros mismos ante los espejos,   nos horrorizan hasta a  nosotros mismos,  no queriendo ni   mirarlos,   deseando hasta   huir  de ellos para no verles más...

por anónimo el 14/08/2009 a las 18:58  
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#4

Cuando adolescente, leí, muchas veces,  y registré este pasaje de LA CELESTINA,  pero solamente he comprendido toda su hondura,  cuando yo mismo he llegado a la vejez mía. Pero siempre me ha gustado.

LA  CELESTINA, a la joven Melibea:  "...  Dios la dé  a  gozar  su  noble juventud y  florida mocedad,  que  es el tiempo  que  más placeres y mayores deleites  se alcanzan. Que, a la mi fe,  LA VEJEZ  no es sino mesón de enfermedades,  posada de pensamientos,  amiga de rencillas,  congoja contínua,  llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo porvenir,  vecina de la muerte,  choza sin rama que se llueve por cada parte,  cayado  de mimbre,  que  con poca carga se doblega.

Le responde la joven Melibea:  "¿por qué dices, madre, tanto mal  de  de lo que todo el mundo con tanta  ansia gozar  y ver desea?"-

Y ella, la sabia Celestina, le responde: "Desean harto mal para sí; desean harto trabajo. Desean llegar  allá porque llegando viven,  y el vivir es dulce,  y  viviendo  envejecen.  Así  que el niño desea ser mozo,  y el mozo viejo más,  aunque con dolor.

Todo  por vivir.   Porque,  como dicen,  viva la gallina con su pepita. Pero ¿quién te podría contar,  señora,  sus daños,  sus inconvenientes,  sus  fatigas,  sus cuidados,  sus enfermedades,  su frío,  su calor,  su descontentamiento,  su rencilla,  su pesadumbre;   aquel arrugar de cara,  aquel  mudar de cabellos su primera y fresca color,  aquel poco oír, aquel debilitado ver puestos los ojos a la sombra,  aquel  hundimiento de boca,  aquel caer de dientes,  aquel carecer de fuerza,  aquel  flaco andar, aquel espacioso comer?   Pues,  ¡ay, ay,  señora,  si lo dicho viene  acompañado  de pobreza,  allí  verás callar todos los otros trabajos cuando sobre la gana y la falta de provisión! !Que jamás sentí peor  ahito que de hambre!".

por anónimo el 14/08/2009 a las 19:09  
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#5

Pero  CELESTINA, siempre tan sabia,  tampoco desea resistirse al paso del tiempo, a la edad.

Ante lo dicho anteriormente por CELESTINA,  un verídico y descarnado retrato del espanto de la vejez,  Melibea le responde:

"Madre,  pues que así hablas  ¿gran  pena tendrás por la edad  que perdiste?¿Querrías volver a la primera?".

CELESTINA:  "Loco es, señora,  el caminante que,  enojado  del  trabajo del día,   quisiera volver de comienzo la jornada para tornar  otra vez  a  aquel lugar.  Que todas  aquellas cosas cuya posesión no es agradable más vale poseerlas que esperarlas. Porque  más cerca esta el fin de ellas cuanto más andado del comienzo. No  hay cosa más dulce ni graciosa al muy cansado que el mesón. Así que,  aunque la mocedad  sea muy alegre,   el verdadero viejo  no la desea.   Porque el que de razón y seso  carece,  cuasi otra cosa no ama,  sino  lo que perdió".

 
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