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Llueve en Fuerteventura
Me despiertan los truenos y relámpagos; y por unos instantes creo estar en mi casa de La Orotava, con la panza de burro encima de nuestras cabezas, regando el valle como cuando era chico. Pero no es así, amanezco en Toto y llueve en Fuerteventura. La paleta gris de la mañana pinta los cielos de plomo. La tierra de este esqueleto de isla chupa cada gota que cae. Las lomas lucen encendidas, en un resaltar los ocres y unos verdes germinales, capaces de transmutar la Maxorata para lucir bello disfraz estos carnavales. Me pongo las botas, como antaño me ponía las botas de agua, con la ilusión del chiquillo que no le tiene miedo a los charcos. Me encorseto en el anorax y salgo armado de gorro no por si las moscas, sino por el agua. Llueve en Fuerteventura, fuerteventurosa isla que pide a gritos un manto verde que ya se vislumbra en las laderas de sus crestas. Llueve y el niño que uno tiene dentro chapotea en una gota, esa gota que una palmera le brinda tras recogerla y hacer correr rama abajo hasta dejarla caer en su nariz respingona. por Andrés Gutiérrez Duncanson Fuente: http://www.loquepasaentenerife.com/blog/andrsgutirrezduncanson/01-02-2010/llueveenfuerteventura |
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