
Francisca Pérez atiende desde hace 45 años a un hijo con parálisis cerebral, perdió a otro en un accidente y ha sufrido un cáncer
El rostro de Francisca Pérez, Paquita, refleja no sólo el paso inexorable del tiempo, sino el dolor y el sufrimiento por los golpes que le ha dado la vida. Desde hace ahora 45 años atiende a un hijo con parálisis cerebral que lo obliga a permanecer en cama.
Hay otras heridas que no logra cicatrizar a pesar del tiempo transcurrido, especialmente, la muerte de su hijo Manolo en plena juventud o la de su marido. También tocaron en su puerta un cáncer de útero y tres intervenciones quirúrgicas para paliar varias hernias producidas por los esfuerzos para cuidar a su hijo enfermo. A pesar de ello, esta grancanaria de 72 años afincada en tierras majoreras desde hace una veintena, muestra un optimismo heroico.
Paquita nació en el seno de una familia muy humilde. Por ello, desde niña se vio obligada a trabajar limpiando en casas de familias pudientes de la calle Triana, en la capital grancanaria. Se casó con tan sólo 22 años con Manuel Pérez y tuvieron seis hijos: Conchi, Manuel, ya fallecido, Pepito, Marisol, Araceli y Falo. "Ellos son mi realización como madre y como mujer", sentencia mientras le da de comer a su hijo Pepito, como le llama cariñosamente.
La muerte de su hijo Manolo, en 1988, ha sido una de las experiencias más devastadoras que ha sufrido. Ni siquiera la supera toda aquella época de su infancia donde la miseria y el hambre se apoderaban de las familias humildes. "Desde entonces siento que se me ha roto parte de mí, de mi cuerpo, de mi alma. No lo he podido superar".
Recuerda que se encontraba de vacaciones en Puerto Rico, en Gran Canaria, cuando su hijo tuvo un fatal accidente de tráfico en el que murió junto a los padres de su novia, que viajaban en el mismo coche. "Fue horrible cuando nos dieron la noticia. Un golpe que no he encajado pese al tiempo transcurrido".
Pero la vida le tenía preparada otra ingrata sorpresa. La alegría por el nacimiento de su hijo Pepito se transformó en un auténtico drama. "Cuando fui a la Clínica del Pino no me atendieron a tiempo. Sólo cuando vieron que la criatura se me caía al suelo fue cuando se preocuparon de mi. El niño nació con dificultades y desde el año 1965 se encuentra en cama, inmóvil, y sin poder comunicarse. Esta es la cruda realidad".
Siempre ha estado junto a su hijo. Día y noche. "Nunca he pagado a nadie para que lo cuiden. Siempre me ha tenido a mí y a sus hermanas. Ahora desde hace unos años vienen tres días a la semana desde el Ayuntamiento de Puerto del Rosario a ayudarnos porque yo no puedo, no tengo fuerzas para levantarlo".
La vida de Pepito se desenvuelve en una diminuta habitación. Siempre acostado. Al igual que desde el primer día en que vino a este mundo. "Nunca ha caminado pero nosotros lo vemos feliz porque está bien atendido. A veces se pone nervioso y le dan ataques epilépticos, pero es un niño noble".
Doña Paca, como la conocen en el barrio Fabelo de la capital, lanza un macabro deseo. "Cuando yo muera que delante vaya la caja de Pepito. No quiero dejar problemas".
ANTONIO CABRERA
Publicado en La Provincia/Diario de Las Palmas, Viernes día 12-03-10