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Los municipios no son entes inmutables ni inmortales.
A lo largo de la historia, que arranca allá por los tiempos de Roma, (al menos la palabrita) aunque no exactamente con las mismas características que las que tienen en la actualidad, los municipios han sido legalmente creados o anulados; anexados a otros o fundidos con ellos para formar otro común y nuevo. Y por los más diversos motivos: económico, políticos, vecinales... Ejemplos, en nuestro país los municipios suprimidos, y años correspondientes, fueron: entre (años) 1950-60, 4 (municipios); 1960-70, 12; 1970-81, 86. En la misma Fuerteventura hemos pasado por este tipo de avatares históricos. El municipio de Tetir fue suprimido en 1925, corriendo la misma suerte (o desgracia) el de Casillas del Ángel al año siguiente, cuando ambos fueron anexados al de Puerto de Cabras, que, a su vez, se había segregado previamente del de Tetir, puesto que nació como flamante municipio en el año 1835. (El "hijo" terminó comiéndose a la "madre"). Y si no en Fuerteventura, sí que tenemos en Canarias ejemplo reciente de lo contrario, de segregación, como ocurrió en la isla de El Hierro, cuando, en el año 2007, se legalizó la formación de un nuevo municipio, el de El Pinar, a costa del de Frontera. Caso curioso, porque precisamente el de Frontera se había creado como una especie de trámite legal necesario para que El Hierro pudiera contar con un cabildo, puesto que según las normas de la ley por la que éstos se instituyeron en Canarias, Ley de Cabildos de 1912, cada uno de ellos debería de regir sobre dos o más municipios, y como en la isla del Meridiano, en esa época, sólo había uno, Valverde, pues fue preciso apurar la constitución de otro más, que fue el de Frontera. Así pués, estas entidades administrativas pueden aparecer y desaparecer, sin que ocurra nada grave, si bien, por supuesto, no sea tan fácil e inocuo como beberse un vaso de agua (Si no es de Carabaña). Y dado que de las crisis, como la que actualmente padecemos, también se pueden sacar aspectos y enseñanzas positivas, ¿por qué no pensar en racionalizar el actual entramado de municipios, aprovechando que se está haciendo en otros campos? Por lo menos en nuestras islas. Pongamos por caso la aludida creación del municipio y Ayuntamiento de El Pinar, con una extensión de sólo 80 kilómetros cuadrados de superfície y 1.888 habitantes. Hagámonos unas reflexiones y preguntas, al respecto: ¿cuánto dinero cuesta el funcionamiento de esa administración? ¿Es autosuficiente, o la subvenciona el Cabildo herreño y el Gobierno de Canarias? ¿No habría sido mucho más útil y efectivo que tales fondos fueran directamente en beneficio de los vecinos y su comarca, desde el ayuntamiento en que anteriormente se encuadraban? ¿Ése tamaño tan minúsculo, no favorece el caciquismo localista, yendo, pues, en contra de un sentido más democrático y libre, propio de una sociedad moderna? La extensión territorial o la magnitud demográfica, en principio, no debería ser un impedimento para que un único organismo-en este caso, un ayuntamiento- gobierne bien un territorio y una población. Por su magnitud demográfica, el municipio más importante de toda Canarias, Las Palmas (381.000 hb.), no manifiesta ningún problema por este hecho; los tiene por otros motivos, pero ajenos a este asunto que tratamos. Por su superficie territorial, el municipio más extenso del Archipiélago, Pájara, con 383 kilómetros cuadrados, tampoco presenta ningún contratiempo en la vida normal de sus vecinos. Hoy, gracias a los distintos y económicos medios de transporte y comunicaciones, las distancias y dificultades para acudir a la cabecera municipal o comunicarse con ella, desde cualquier lugar de un término, prácticamente son inapreciables; y, sobre todo, con las tenencias de alcaldía, menos todavía tienen importancia los kilómetros. Comparemos, entonces, las magnitudes territoriales y demográficas del conjunto de islas como el Hierro, con las de municipios como Pájara o Las Palmas. ¿Tiene justificación, en los tiempos que corren, este mapa municipal que actualmente nos encuadra, al menos en estas islas, sobre todo teniendo en cuenta al coste económico y a los caciquismos a los que da lugar? ¿Favorecerá, o entorpecera, el desarrollo moderno de los territorios estas divisiones tan menudas? Y arcaicas y sin lógica geográfico-económica muchas veces. Son unas reflexiones personales, desde mi corto entender y como ciudadano. Que nadie se sienta ofendido ni molesto.
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